lunes, 14 de mayo de 2012

Un reto dentro del reto...

Si cualquier viaje en Vespino supone un reto, intentar hacer algo que por sí solo puede suponer otro reto e incluirlo en el primero, supongo, se le puede llamar: "un reto dentro de un reto". Eso es precisamente lo que nos proponemos para el próximo viaje a Portugal, que además de la dificultad de recorrer los 3.000 kilómetros totales, nos proponemos hacer una primera etapa maratoniana de 1.111 kilómetros, ojo, de un tirón.
La idea es salir como siempre de Vall de Almonacid y no detenernos hasta llegar a Sagres al sur de Portugal. Si calculamos una media horaria de marcha de 40 km/h. y las matemáticas no engañan son 28 horas sentado sobre la moto.
De momento esa es la idea. Incluso ya tenemos listo un rutómetro detallado en el que aparecen los kilómetros recorridos y pendientes, y la hora de paso aproximada por cada población.
A ver si en esta ocasión nos salen al encuentro algunos amigos que siguen el blog y el foro de Vespino (http://foro.vespinos.com/) o que simplemente quieren vernos o acompañarnos algún tramo del recorrido.
También sería interesante conocer algún error en el trazado o incluso alguna alternativa mejor que la que hemos elegido.
Cualquier comentario podéis enviarlo a este blog, o mejor directamente al foro de Vespinos. Si además queréis contactar con nosotros por teléfono, enviarnos un mensaje a: vespinos@yahoo.es

jueves, 29 de marzo de 2012

En Vespino a Portugal 2012

¿Por qué no?
Ya hemos recorrido media Europa, ¿por qué no nos damos una vuelta por el país de nuestros primos hermanos? Están aquí junto a nosotros y parecen lejanos.
Después del último viaje a París del pasado verano hemos estado inactivos, pero no por el cansancio de la aventura, más bien por circunstancias personales de cada uno de nosotros (refiriéndome a los tres componentes del del viaje a París). A ésto hay que sumarle la convalecencia de Juan Bicisport y la lejanía de Kiqu, pero tampoco son excusas, así que no hay más remedio que echar las culpas a lo que ha generado todos los problemas del mundo mundial en los últimos tiempos, a la p*** crisis.
Kiqu sigue estando donde siempre y dispuesto a arrimar el hombro. Juan está mejorando notablemente y no descarta hacerse unos "largos" con nosotros próximamente; al tiempo.
Así que sin más preámbulos vamos a exponer nuestro nuevo proyecto:
La idea es recorrer Portugal de sur a norte en tres o cuatro etapas... ya veremos, eso no es problema. Lo verdaderamente difícil es poder coincidir en las fechas, aunque todo parece indicar que días arriba o abajo, el viaje se llevará a cabo durante los primeros días de agosto.
En esta ocasión no va a ser posible disponer de 12 días como en el viaje a París; al menos yo sólo podré disponer de una semana para completar el recorrido, así que nuevamente hay que ajustarse el cinturón.
No importa como lleguemos hasta el punto de partida, lo que inicialmente se pretende es salir de Sagres, que está muy próximo al cabo de San Vicente, en la barbilla del Portugal, y luego, 800 kms. al norte, alcanzar Vigo.
Existe la posibilidad de llegar de un tirón desde Vall de Almonacid a Sagres, teniendo en cuenta que harían falta más de 24 horas y ningún problema para recorrer los 1.110 kms. de distancia; eso supondría una dificultad añadida al viaje, digamos... "un nuevo reto". Aunque lo aconsejable sería hacer dos cómodas etapas de 550 kms. cada una. Lo pensaremos.
También hay que pensar en el recorrido dentro del país vecino y el regreso a casa desde Vigo. Dentro de Portugal, según mis noticias, los campings son relativamente baratos siempre que no te acerques a la zona costera... vamos, como en España. Lo mismo para las comidas. Así que habrá que ir buscando rutas que tengan de todo, procurando alejarse del Atlántico por aquello de rodar por carreteras con poco tráfico.
Tampoco habrá mucho tiempo para el turismo en esta ocasión, aunque ya es hora de comenzar a plantearse viajes relajados para ver cosillas por el camino y no pasar de largo por todas partes; aunque por este año seguiremos a lo nuestro: hacer kilómetros a "punta pala".
La última parte del viaje será el regreso desde Vigo pasando por las portillas del Padornelo y la Canda, La Puebla de Sanabria y la vega del Tera hasta Benavente; allí bajar hacia Tordesillas y torcer a la izquierda a buscar Almazán y las provincias de Guadalajara y Teruel. Luego bajar hasta el Levante y llegar a casa de nuevo.
Abriremos un hilo en el foro, dentro de "eventos", para intercambiar ideas e información detallada, por si alguien nos quiere acompañar algunos kilómetros del camino, o nos puede dar información de interés o compartir experiencias: (http://foro.vespinos.com/)

domingo, 16 de octubre de 2011

Mas fotos del viaje a París de 2011

Esta imagen está tomada durante la primera parada del viaje pasado Sant Mateu, en Castellón, después de unas tres horas de marcha sin poner pie en tierra. Vespinaire nos había alcanzado y compartió con nosotros un pequeño refrigerio. El almuerzo llegó algo después en Tortosa, ya en provincia de Tarragona.
Tachu y Chimo en primer plano, dando cuenta del almuerzo. Al fondo Vespinaire con su Vespa. A estas horas ya apetecía quitarse aldo de ropa de abrigo.
Chimo con su AL disfrutando de la ruta y el buen tiempo.
Aquí es Tachu el que aparece en primer plano seguido de Chimo. Aunque las posiciones se iban cambiando en alguna ocasión, casi siempre era yo el que iba delante por llevar el navegador.
Cuando no había dudas en los próximos kilómetros, tanto Tachu como Chimo estiraban las piernas y me adelantaban para esperarme más adelante. La diferencia de velocidad entre sus motos y la mía era considerable.
Las tres horas que arañamos a las previsiones en esta primera etapa nos permitieron disponer de mucho tiempo para comer al abrigo del sol en los aledaños del Museo de la moto en La Bassella. En esta foto, ante el museo, disfrutamos de ver juntas por primera vez las tres motos que hasta ahora han conseguido llegar y volver a Cabo Norte. Sin duda un momento emocionante para los que estábamos allí.
En primer lugar aparece la Vale con la que Palmieri realizó el viaje en 1981. A su lado la ALX de Miquel Àngel Sánchez en 1988, y por último la Bella durmiente que lo consiguió en 2009... ojalá no sea la última.Aquí aparece Estanis Soler junto a la Bella Durmiente, que momentos después nos invitó a visitar las instalaciones del museo. Hay que recordar que en Barcelona ya existe un segundo museo montado y gestionado por él y su familia principalmente.
En la segunda etapa Andorra-Limoges nos encontramos pronto por la que debería ser la primera y más importante dificultad. Cuando el sol comenzaba a elevarse ya nos encontrábamos en lo alto del puerto D'Envalira de 2408 metros. El día era radiante y nada podía hacernos imaginar el agua que íbamos a soportar al final de la etapa.
En el mismo puerto repostamos hasta arriba los depósitos de las motos, de esa manera ahorramos algunos centimos por litro, que no fueron tantos como lo hubieran sido en otro tiempo, pero bueno... a partir de aquí 40 kms. de bajada... ¡¡¡ todo un placer para nuestas modestas monturas!!!
La desagradable travesía de la ciudad de Toulouse, que una y otra vez nos hacía desviarnos del camino que el navegador nos trazaba debido a la existencia de la nueva línea de tranvía. Nos entretuvo más de lo previsto y nos cansó bastante.

Con monsieur Gilbert en la puerta de su fábrica. Sin que él lo supiese, y así se lo hicimos saber en aquel momento, dos años atrás fue una persona definitiva para conseguir el éxito del primer viaje a París en Vespino, cuando gracias a uno de sus empleados, un tornero, pudo modificar el eje de la rueda trasera de la moto para que encajase en el motor de la GL, puesto que el que llevaba era de un modelo posterior mucho más grando.
Posiblemente si no hubiera sido por él es probable que las aventuras en Vespino para la Bella Durmiente hubiesen terminado con un fracaso y nunca hubiera habido ni vuelta a España ni viaje a Cabo Norte ni nada de nada...¡¡¡ Merçi Mr. Gilbert, fuiste importante para nosotros...!!!
El día de la foto estaba la empresa cerrada por vacaciones y, a pesar de ello, nos invitó a pasar y compartimos con él un café y una breve charla.
Lo peor... que mi inseparable Sony dejó de funcionar esa misma noche y esta foto fué la última que pude tomar con ella.

martes, 6 de septiembre de 2011

El regreso a casa en tres etapas más (10 de agosto)

Esta foto es para Juan Bicisport... para que vaya tomando nota...


Esta foto es una de las más vistas en el mundo, pero ésta precisamente la hemos hecho nosotros. Sin duda estar a los pies de este ingenio es sencillamente para alucinar... a veces los hombres, y las mujeres, claro, imaginamos cosas interesantes




Lo grandes que somos nosotros con nuestras motos y si no fuera por las banderitas pasaríamos desapercibidos... qué cosas...


A lo que vamos:





En primer lugar agradecer a nuestros amigos Les Tontons Scooteurs por el detalle de hacerse eco de nuestra llegada a París en su blog http://www.les-tontons-scooteurs.com/forum1/viewtopic.php?f=5&t=5615 seguro que no os lo vais a creer, pero allí se reunen cada miércoles primero de mes por la tarde, junto a la fuente que hay a los pies de trocadero y a escasos metros del carrusel que siempre está girando, el caso es que llegó Sting en su moto de Quadrophenia... como os lo digo...





estuvimos de charla con algunos de los representantes del motoclub que nos pusieron al día de sus citas mensuales y nos prometieron entrar en nuestro blog. Así lo hicieron: --Merçi beaucoup mes amis... --



Después de las charlas con los "Tontons" cruzamo el Sena y nos metimos en la rotonda del Campo de Marte al otro lado de la Torre. Allí llegaron algunos españoles que vieron desde lejos las banderitas de nuestras motos... siempre hacen amigos esos trozos de trapo, allá donde vamos la gente se acerca a preguntar. El caso es que una familia de Bilbao que buscaba un camping para pasar la noche con autocaravana vinieron a vernos y de paso nos hicieron algunas fotos.




Comenzaba a oscurecer y todavía nos quedaban más de 60 kms. para llegar a casa de Sarah, así que no era posible alargar las conversaciones.


Ese tramo fue bastante duro porque había muchas poblaciones que atravesar, muchos semáforos, muchos adoquines y sobre todo la oscuridad, que se hacía más patente por la poca chicha de nuestros faros, que sólo obtenía un aprobado justo la AL de Chimo. Si todo eso no era suficiente, en ese tramo se rompió el soporte del escape de la AL y hubo que ralentizar la marcha. También tuvimos que parar a repostar, donde conocimos a dos chicos franceses que curiosamente eran sordomudos... bueno, pudimos comprobar que la comunicación con ellos resultaba tan sencilla como con chicos españoles con la misma difucultad, sencillísimo gracias a ellos, claro.


Las motos estuvieron el resto de los días en el jardín de la casa de Sarah, bajo el enorme cerezo y protegidas con un plástico, descansando.










Los seis días restantes hasta la cuarta etapa y primero de regreso estuvimos haciendo turismo por los sitios más típicos de París. Como siempre, pasar el tiempo de un lugar para otro sin parar de ver cosas y al final sólo has visto una pequeña parte de la ciudad y sus lugares interesantes, pero por lo menos creo que cumplimos. Incluso nos permitimos el lujo de acercarnos a Brujas a pasar unas horas bajo el agua y sobre sus canales. Otra ciudad encantadora que el agua y el frío desdibujó nuestras esperanzas. A pesar de ello pienso que también mereció la pena. A las motos, savo la soldadura del escape de Chimo, apenas las atendimos hasta el día 9, víspera del regreso. Ese día las mimamos un poco y les revisamos todo lo posible, que tampoco era mucho y sobre todo no era necesario. También es cierto que en el jardín no apetecía manipularlas bajo la lluvia, por eso la tregua del tiempo nos animó al mantenimiento de las máquinas aquel día.



Mi inseparable Sony se ahogó la noche de la segunda etapa cuando se detuvo Moisés. Entre la oscuridad y la lluvia no me di cuenta que había dejado abierta una de las cremalleras de las alforjas que llevaba sobre el depósito adicional y el agua se fue metiendo hasta anegar su interior. La máquina de fotografiar y algunas cosas más estuvieron sumergidas en parte hasta que me di cuenta, pero para la Sony ya era tarde. Ahora se pone en marcha pero no funciona... me da mucha pena porque nunca me había fallado... smmifffff, --mea culpa -- a partir de entonces casi todas las fotos se hicieron con los teléfono móviles.



La mañana del miércoles 10 de agosto de 2011, todo hay que señalarlo, nos puso en marcha a las 5:00, pero en marcha de verdad sería un poco más tarde. El cielo estaba despejado pero hacía frío, bastante frío (7ºc.). Por suerte llevábamos la ropa de invierno con lo barbour y los pantalones a juego, las botas y los guantes impermeables. Todos excepto Tachu que llevaba zapatillas de deporte y guantes de ciclista acolchaditos. Emprendimos la marcha tranquilamente hacia el sur con dirección a Rambouillet para salvar los alrededores de París. En Rosny-sur-Seine nos encontrábamos al noroeste de la capital. La pobre luz de nuestros Vespino apenas daba para alumbras las profundidades de los bosques próximos, pero poco a poco el cielo iba haciédose cada vez más claro hasta hacerse innecesaria la iluminacón artificial.



En las proximidades de Rambouillet me detuve para cambiar el destino en el navegador. Mi costumbre es no poner distancias demasiado largas para luego no tener problemas. Por lo menos a mí me funciona. Además siempre pido rutas en bicicleta que, si bien te hace dar rodeos por carreteras perdidas por los campos, también te permite ver pueblos y rincones que de otro modo no sabrías ni que existen. El caso es que me detuve a la entrada de la ciudad, en un sitio tranquilo. Cuando bajamos de las motos le comenté a Chimo que el termómetro me había marcado una temperatura muy baja y él de dijo que el suyo había bajado hasta los 3,8ºC. Mientras comentábamos el caso no nos dimos cuenta de las dificultades que tenía Tachu para bajar de la moto... estaba helado. Los más de 60 kilómetros que llevábamos recorridos habían ido calando en sus manos y en sus pies hasta dejarlo casi rígido. Seguro que si no paramos en la siguiente curva sale recto. --tíos, así no es posible seguir...-- dijo. El caso es que no dijo nada y yo no hubiera parado. Chimo sacó de su maleta unas manoplas de las que se acoplan en el manillar en invierno, unos calcetines largos y unos cubrebotas. Eso y una caminata alrededor de las motos permitió a Tachu recobrar el color que había dejado sobre el asfalto en el último tramo. ¿Por qué no dijo nada? Seguro que la próxima vez no le ocurrirá.



Seguimos sin parar hasta más allá de Orleans. El sol brillaba en lo alto y la lluvia no parecía tener cita para ese día. Los bosques sucedían a los prados y las montañas a todos los demás. Los kilómetros pasaban rápido y las medias horarias eran realmente buenas. La familia-asistance estaría ya en la carretera y seguro que nos estaría comiendo el terreno por la autopista a marchas forzadas. Habíamos quedado en el camping de de Bonnac la Cote, que parece que era un lugar maldito para nuestros viajes, puesto que en 2007 no pudimos acampar allí porque tuve la avería mecánica que me obligó a tragarme los 750 kms. de la etapa de un tirón. A la ida de la segunda etapa por el agua y en esta cuarta etapa seguramente tampoco sería el destino final porque queríamos hacer algún kilómetro más hacia el sur y al día siguiente llegar temprano a Andorra en la quinta etapa.



La moto de Tachu sufrió un pinchazo en su rueda trasera que pudimos solventar en menos de media hora sobre la hierba de la cuneta. Un motero de parches múltiples en su cazadora se detuvo con su coche por si necesitábamos ayuda. Se lo agradecimos pero ya estaba el asunto resuelto... Merçi



Un poco más adelante paramos en un lugar muy agradable a hincar el diente al bocata de jamón de Garcerán que todavía sobrevivía. Menos mal que compramos mucho jamón, de lo contrario no se que hubiéramos hecho... ¡¡bendito jamón que nos acompañas en todos nuestros viajes!! y no es coña.



Tuvimo que detenernos un instante para amarrar el escape de la moto de Chimo que nuevamente había partido la pletina de sujeción.



Seguimos y seguimos entre bosques, llanos y montañas de tierras galas hasta que la hora aconsejó ponernos en contacto nuevamente con la familia-asistance con la que horas antes habíamos acordado bajar 40 ó 50 kms. más al sur de Limoges. En los últimos kilómetros nos habíamos metido en una zona montañosa en la que íbamos zigzagueando entre valles, ríos y bosques por carreteras muy estrechas y pueblos pequeños. --hello...¿habéis llegado al camping?-- efectivamente, ya estaban en el camping y nos pasaron las coordenadas. Mientras mantenía la llamada introduje lo datos en mi navegador: Les Hameaux du Perrier, camping La Prairie 45º5'52,43'' latitud Norte y 1º27'1,771'' longitud Este. Recalculando y "voîla..." el destino a 5 kilómetros... ¿era realmente posible que después de casi 450 kms. estuviéramos a sólo 5 de nuestras familias en un mar de montañas? Sí, era cierto.



Quince minutos después entrábamos en el magnífico camping La Prairie. Más por el lago y los prados verdes de toda la zona que por las instalaciones, que dicho se de paso eran suficientes. Todavía llegamos a tiempo de plantar las tiendas de campaña y ducharnos antes de que anocheciera.



LA QUINTA ETAPA no tuvo grandes dificultades. Seguían las carreteras llanas que de vez en cuando se veían interrumpidas por pequeñas serranías y por bosques. Llegamos nuevamente Reynies, el pueblo de mi amigo Gilbert al que en esta ocasión no fuimos a visitar. Allí mismo nos detuvimos para comprar bebida fresca y comer junto al río Garona y, ¡¡sorpresa!!... me di cuenta de que los pedales de mi moto giraban líbremente, tanto en modo bici como en moto. Al principio me preocupó, pero enseguida comprendí que se debía haber roto alguna de las orijillas del piñón de bici que en alguna ocasión conseguía engranar. No pasaba nada, tendría que arrancar de empujón a partir de ahora...



Después de comer tranquilamente tras habernos despojado de la ropa de invierno nos pusimos nuevamente en marcha entre campos de manzanos y girasoles. Decidimos dar un pequeño rodéo, que al final no fue tanto, para evitar los problemas de atravesar Toulouse, que tanto nos entretuvo en el viaje de ida. La jugada salió bien y nos llevó por carreteras ausentes de tráfico y buen asfalto hasta divisar a lo lejos la franja irregular de los Pirineos que a esa distancia se veía azulada. Unas horas más tarde comenzamos el ascenso hacia el Envalira otra vez. A falta de 16 kilómetros para llegar a lo alto del puerto me adelantaron Tachu y Chimo que ya estaban hartos de chupar rueda tantas horas, en ese tramo me sacaron 7 minutos de ventaja, prueba inequívoca de que sus motos andan mucho más que la tranquila Bella Durmiente que sigue en lo suyo de conservar el maiot de lunares rojos, dejando el premio de la montaña y de los sprints a sus compañeras.



Con el sol alumbrando con ganas nos hicimos unas fotos nuevamente en lo alto del puerto para bajar vertiginosamente hasta Andorra la Vella. En mi marcador vi los 78 kms/h que me permitieron adelantar a algún coche, pero la pendiente de aquel tramo aconsejaba no confiar demasiado en los frenos, de manera que todos aminoramos la marcha para llegar al camping poco después e ir a cenar de mesa y mantel a una pizzería de la ciudad.



LA SEXTA ETAPA es casi de transición, como la del Tour de los Campos Elíseos en la que todo el pescado está vendido. No por eso deja de tener importancia y no hay que currársela. Es posiblemente una de las etapas más duras y pesadas del viaje, tanto por todo lo que ya se lleva acumulado, por el calor y por las ganas de llegar. Por eso al detenernos pasada la población de Ascó y devorar unos buenos bocatas made in spain, nos repantigamos largamente en las sillas bajo la sombra de un emparrado y casi casi nos sentimos como en casa.



Tortosa, La Cenia, Sant Mateu, Cabanes, Vilafamés, Onda y la entrada en la Sierra Espadán con sus pedientes del 10% que serían los últimos esfuerzos que los pequeños motores tendrían que hacer para el final feliz de una fantástica aventura que como tantas otras, ahora, pasados unos días, nos ha parecido fácil y nos ha sabido a poco, posiblemente porque los recuerdos tamizan los pocos momentos malos que hay en todos los viajes.



Ahora a pensar en el siguiente...




martes, 9 de agosto de 2011

4ª etapa - Mañana- París-Limoges

Estos son los prototipos de nuevos vehiculos para tomar rotondas...


A unas horas del comienzo del regreso estamos ultimando los preparativos. Con tanto ir y venir por París y cercanías, y sobre todo por el mal tiempo, no habíamos tenido tiempo de revisar las motos. Hoy (martes) nos ha amanecido un día con nubes y claros que no amenazaba lluvia, lo cual es toda una novedad en este viaje. La gente por las calles va vestida de invierno, con bufanda incluida.

El caso es que nos hemos dedicado a revisar las motos y… “gazapo”. Si la moto de Chimo tuvo que pasar por el quirófano de un chapista de la localidad para solventar la rotura del soporte del escape, la de Tachu nos ha dado la sorpresa hoy mismo. La misma pletina que a Chimo, pero en este caso lo que se estaba agrietando era el mismo escape. Además ya había encontrado un camino rápido la salida de los gases y escondido se podía ver un pequeño orificio. Es verdad que era fácil localizar, pero tal como encontramos las últimas etapas, no era posible percibir que aquello en marcha e intentando protegerse de lo que San Pedro nos había preparado… pero qué duda cabe, si fuera sencillo lo haría cualquiera y, pecando de orgullo, “esto hay que currárselo”.

El chapista del otro día estaba de vacaciones, de manera que nos hemos ido a Leroy Merlin y hemos comprado soldadura fría y alambre. Imagino que aluna de las soluciones funcionará. Dejaremos la cinta americana para un caso extremo que espero que no llegue.

Las previsiones para mañana son algo optimistas. El fresco no se marchará, pero las lluvias nos aseguran que nos darán un respiro.

Para ganarle al día pensamos madrugar, de manera que el reloj volverá a sonar a las 5:00 para salir una hora después. No pasaremos por París, daremos un pequeño rodeo por Rambouillet para buscar Orleáns y bajar hasta Bonnac la Cote, cerca de Limoges. Incluso es posible que para quitar kilómetros a la etapa siguiente, alarguemos algo la jornada y bajemos un poco más hacia el sur. La siguiente etapa será nuevamente hasta Andorra y la última, si todo sale según lo planeado, a dormir en casa con la llegada a Vall por la tarde.

Ayer estuvimos todo el día sufriendo en Disneyland y probamos algunos vehículos para valorar la posibilidad de cambiar de montura. Creo que encontramos los ideales, ahora falta probarlos en ruta, pero pensamos que después de muchas horas podemos quedar un poco mareados. Eso si, para las rotondas son estupendos porque eso de girar ya lo tienen aprendido…

viernes, 5 de agosto de 2011

3ª etapa - Limoges-París

Como la segunda etapa había sido muy dura y nos habíamos metido en la cama sobre las dos de la madrugada, esa jornada comenzaría bastante tarde.

El cielo estaba cubierto, totalmente gris, pero no llovía. Salimos hacia el norte atravesando la ciudad de Limoges, que no fue tan grave como Toulouse. A 25 kilómetros de etapa comenzó a llover. Nos dio la sensación de que aquello empezaba demasiado pronto y que la etapa tampoco sería fácil. Nos pusimos toda la artillería chubasqueril y seguimos. Por suerte la cosa cambió en poco tiempo y el sol comenzó a brillar con fuerza. El resto de la etapa discurrió muy bien, con buen tiempo e incluso calor, permitiéndonos rodar en camiseta y pantalón corto. Los paisajes era bonitos, igual que los pueblos del tipo los tres mosqueteros. Castillos, caserones, bosques, vacas en prados inmensos. Así llegamos a París, al pie de la Torre Eiffel. Allí había una reunión de Vespa, que según me explicaron se reúnen al pie de Trocadero todos los miércoles primeros de mes, durante todo el año.

La jornada no había concluido, faltaba llegar a Rosny-sur-Seine donde estaba instalado el cuartel general. El objetivo del viaje estaba conseguido, había llegado a París con las tres motos. Ahora a descansar y recuperarnos, luego el regreso.

Hoy es viernes y sigue lloviendo. Hay algunas cosas que revisar de las motos, pero no hay tregua. La moto de Chimo ha roto el soporte del escape y hay que soldarlo o buscar otra solución, las otras dos motos también habrá que revisar. Pero eso es otra historia que todavía no ha llegado… continuara, si se puede… eso será el próximo miércoles, mientras tanto vamos a hacer turismo. Ayer estuvimos en varios sitios de París, incluida la Torre Eiffel y hoy teníamos previsto ir a Disneyland, pero el agua aconseja ir a otro lugar, por ejemplo Versalles.

2º etapa - Andorra-Limoges (2 de agosto)

Nos despertamos a las 6:00 sin demasiadas prisas. Era todavía de noche. Entre el desayuno, el aseo y recoger la tienda de Tachu y preparar las motos se nos hicieron las 7:30. Momento en el que poníamos las motos en marcha para atacar, como en el argot del Tour de Francia se conoce, la etapa reina con final en alto. Aunque ese final únicamente era un aperitivo para el día que distaba mucho de ser la conclusión de la que sin duda iba a ser la etapa reina de la ida.

Una hora menos algunos minutos costó de superar los 27 kilómetros que nos llevaban hasta la cumbre del puerto D’Envalira de 2408 metros de altitud en un día que allí arriba era radiante. La cosa funcionaba, aunque a algunos mejor que a otros. Mi GL subía a buen ritmo, en su línea, para merecer el premio de la regularidad, pero las otras dos motos iban a por el triunfo final de la carrera y enseguida se pudo comprobar que no sólo corrían más, también subían mejor y consumían menos, cerca de medio litro a los cien, que si bien parece poco, en realidad es un 20% menos que la mía. Se puede considerar que tanto la GL de Tachu como la AL de Chimo atesoran un equilibrio ideal de potencia, fiabilidad y economía. Un buen trabajo de Kiqu que ahora se refleja en la práctica.

Lo siguiente fue la bajada que parecía interminable. Las motos estaban en su salsa y uno tras otro consumieron los cerca de 40 kilómetros de carretera en descenso, aunque los que tenían pendiente sólo fueron los 15 o 20 primeros. En ese tramo ocurrió un pequeño incidente sin importancia en el que Tachu perdió la tapa de las herramientas con todo su contenido. Digo sin importancia porque pudimos recuperar hasta el tornillo de sujeción de la tapa.

Pronto llegaron los llanos de las cercanías de Toulouse y la ciudad. No se si decir que fue lo peor del día porque todavía quedaban muchas horas y algunos problemas antes de terminar la jornada, pero atravesar la ciudad y sus aledaños supusieron un desgaste físico y moral importantes. El tiempo pasaba deprisa y los kilómetros muy despacio. Comenzaba la tarde y no habíamos concluido la mitad de recorrido. Por suerte el día seguía bueno y el sol castigaba de lo lindo, que era la situación preferida para nuestros motores, que parecían sentirse mejor con las altas temperaturas.

Perdimos una hora visitando a mi amigo Msr. Gilbert, que en el primer viaje a París me pudo solventar el importante contratiempo de la rotura del eje de la rueda trasera de mi moto. Por casualidad el navegador nos llevó hasta aquel lugar y pasamos a verle. También por suerte se encontraba en la fábrica y nos pudo recibir. En un primer lugar parecía sorprendido y asustado, como si le diera la sensación de que le íbamos a pedir algo. Nos atendió de manera correcta pero nada más, pronto dio por concluida la recepción, posiblemente porque no acaba de recordar mi anterior visita. Nos despedimos y salimos hacia las motos que esperaban en la puerta. Cuando nos estábamos colocando los cascos volvió a salir el señor Gilbert y nos dijo que si queríamos tomar café, a partir de ese momento la cosa cambió radicalmente para pasar a una situación agradable y totalmente distendida.

De nuevo en la carretera nos encontramos con unas obras que nos retuvieron un buen rato. Mi GL fallaba un poco pero no le di importancia, unos kilómetros atrás tuve que cambiar una bujía porque se paró mientras manipulaba el navegador en una de las detenciones en la cuneta.

Seguimos y el tiempo comenzó a oscurecerse cuando el sol poco a poco iba bajando en el horizonte.

El primer chaparrón nos obligó a detenernos para sacar los chubasqueros y todo lo que habíamos traído para la lluvia. Al mismo tiempo nos pusimos en comunicación con nuestra familia-asistance y nos dijeron que estaban en el camping y que era imposible plantar las tiendas de campaña por lo que había caído y lo que estaba cayendo. Entre todos decidimos que había que buscar un hotel para pasar la noche porque en el camping no iba a ser posible.

Los siguientes 10 kilómetros fueron infernales. Un tramo con un chaparrón importante que dejó la carretera inundada y peligrosa. Era una zona donde habitualmente llueve bastante, pero que el temporal rompa las ramas de los árboles y arranque alguno, eso no lo es. Estábamos conviviendo con un día de perros en la zona de entrada a la comarca limusina.

La lluvia cesó por unos minutos para permitir que nos lamiésemos las heridas. Uffff, había sido complicado el tramo. Las motos funcionaron bien, aunque la mía falló en un par de ocasiones con amenaza de paro. De momento habíamos superado el primer escollo realmente difícil.

Nos quedaban 100 kilómetros para llegar a Bonnac la Cote, que era donde estaba el camping, pero ahora el destino había cambiado hasta el sur de Limoges donde las familias habían tomado unas habitaciones. Era sólo cuestión de salvar esos kilómetros hasta el hotel, aunque la noche se acercaba muy rápido.

Oscureciendo volvió de nuevo la lluvia con bastantes ganas, llegando en poco tiempo a inundar de nuevo la carretera. Cuando las luces de los pueblos se encendieron y la carretera oscureció hasta casi no poder distinguirla, un fallo fulminante de mi Moisés, el que sobrevivió de las aguas, detuvo la marcha en un lugar indeterminado de una carretera llena de agua donde desde arriba, San Pedro, no parecía tener interés en aflojar su húmedo ímpetu. También había viento y fresco.

Una suerte relativa nos permitió acercarnos hasta la parte exterior de una fábrica que tenía un techado que nos podía proteger en parte. Digo eso porque la suerte fue que el viento soplaba desde el techado y algo nos protegía, pero el resto estaba al descubierto.

Desmonté la bujía y pude comprobar que no había chispa. Revisé todo lo revisable y no había manera. En principio parecía que aunque había agua por todas partes, no parecía suficiente para tal situación, sobre todo porque en el viaje a Cabo Norte viví etapas con más agua y más frío, pero así estaba la cosa.

Cuando ya dimos por concluida la revisión y avisamos a la familia-asistance para que viniera a nuestro encuentro, se me ocurrió llamar a nuestro ángel salvador, Kiqu.

¿Has comprobado si falla el módulo rosa del encendido? Esas fueron sus palabras. Casualmente había cogido uno de repuesto porque según Kiqu ese módulo solía fallar. Al abrir la caja de herramientas reconvertida en habitáculo de elementos eléctricos pude comprobar que no había entrado agua, pero la humedad ambiental era otra cosa que seguramente había hecho su trabajo. Así fue, cambié el módulo rosa por el que traía de repuesto y Moisés entonó nuevamente su letanía… llamada a la familia para que no vinieran a buscarnos y hora y media después estábamos con ellos en el hotel. Aunque ese tramo fue muy difícil y peligroso porque siguió la lluvia y con las luces de las motos apenas se veía nada. También había que sumar las ramas que encontrábamos en la carretera.