viernes, 17 de agosto de 2012

Recorrer Portugal en tres Vespino en sólo dos días

Aunque realmente fueron tres días los que usamos, hay que tener en cuenta que en el primero de ellos nos acercamos al Cabo de San Vicente, a la misma fortaleza, y que en el segundo llegamos hasta Braga porque tuvimos que optar por entrar a visitar Oporto (de lo mejor) o cruzar la frontera. Por tanto decidimos lo segundo y postergamos entrar en Galicia para la mañana siguiente.


En principio habíamos pensado en descansar un día entero en Sagres para afrontar en tres etapas la travesía del país luso. Por lo visto la euforia de haber logrado cerrar con éxito la maratoniana etapa anterior, las ganas de Aina por comenzar su particular aventura, y el sueño reparador que borraba el cansancio acumulado, consiguieron, todas o una sóla de ellas, darnos los ánimos suficientes para sentarnos en las Vespino y seguir hacia el norte.
En la salida del camping cerca de Sagres. Comienzo de la primera etapa portuguesa.

El camping donde pasamos la noche estaba muy bien. Quizás demasiada gente, demasiado grande y demasiado ruidoso, aunque bien es cierto que a las 12:00 hora lusa (una hora más en España peninsular) todo el mundo a dormir... pero lo peor fue el precio: 120 €. para cinco personas y las motos. Sin duda fue un peaje caro por dormir cerca de la costa y las playas, naturalmente.

Primer repostaje en Portugal.
En contraste a este precio, las otras dos noches las pasamos en hotelitos por unos 35 €. habitación doble con baño y por 36 €. en doble con baño y desayuno "self service" la segunda en Braga. Eso es otra cosa...
En el camping poniendo los cuentakilómetros a 0
Los cerca de 800 kms. de carretera fueron un costraste de claroscuros dignos de desmenuzar, que a toro pasado parecieron leves, pero en algunos tramos obligaban a gritar aquello de: ¡¡¡tierra trágame...!!!

Cerca de Sagres, camino del Cabo de San Vicente
La visita al Cabo estuvo bien. Hacía mucho viento que además era fresco e invitaba a taparse sobre la moto. Había trasiego de turistas pero no era molesto. Las carreteras en las proximidades del mar dejaban bastante que desear.
Junto al faro de la fortaleza del Cabo de San Vicente

Aina, Tachu y Valentín sobre las vespinos. Al fondo Sagres.

Además de mecánico, asesor y conductor de coche escoba, Kiqu cumple como reportero gráfico. Aquí en el Km.0.

¿Para uno foto tampoco podemos entrar?  Vd. diculpe...

En una de las paradas para encontrar alguna pegatina que añadir al parabrisas de la Bella Durmiente, en la población siguiente a Sagres en la que todo está pensado para los surfistas que llegan a la zona, además de comprar el camaleón tipico, que era lo más parecido a la pegatina que buscábamos, conocimos a dos hermanos (de cuatro en total, todos moteros) que venían en sus BMW desde Verín en Orense. Así que como nos aseguraron que leerían este blog, para ellos un "saludo": esperamos vuestras noticias en vespinos@yahoo.es , al igual que a todos las personas que conocimos durante el viaje y con las que tuvimos ocasión de conversar unos minutos. Ah, y por favor, enviadnos las fotos que nos hicistéis a ese mismo correo.
Momentos de duda.

Seguimos hacia el norte por una carretera aceptable y con poco tráfico que seguimos hasta la hora de comer donde el fresco de la costa había dejado paso al calor del interior. Cerca de las 14:00 españolas tuvimos un pequeño despiste en las proximidades de Santiago do Cacém que luego comprendimos. Realmente no era un despiste, más bien era una instrucción errónea en el navegador por mi parte y que conviene explicar: lo lógico y adecuado, y ahora lo entiendo así, es que cuando se le da al navegador la instrucción de llevarnos a una localidad concreta se le diga que lo haga al centro de la localidad. Pues bien, hasta ese día tenía la costumbre de poner calle y número al azar, llegando incluso a elegir cualquier monumento que aparecía como opción, entendiendo que ese monumento debería estar dentro del núcleo urbano. PUES NO, ese era el error. En muchas ocasiones, como pudimos comprobar esa misma tarde en Santarem, si se elige la opción de un monumento en lugar del centro de la ciudad, el navegador nos puede llevar a un monumento que no tiene que estar necesariamente dentro del casco urbano y puede estar ubicado a 20 kms. del centro de la ciudad. Por eso tuvimos la confusión en Santiago y por lo mismo nos pretendía alejar del centro de Santarem esa misma tarde. Hasta ahora no había tenido ese problema porque antes de llegar a los destinos que marcaba en el navegador me detenía y marcaba uno nuevo 80 o 100 kilómetros más allá, pero ahora era distinto porque había dos navegadores trabajando en el viaje: el mío y el de Kiqu que nos seguía o nos precedía con la furgoneta más o menos próximo a nosotros.


Pasada la hora normal de comida española nos detuvimos en un pueblecito donde los ancianos charlaban a la sombra de un árbol junto a la carretera, y donde encontramos por casualidad un lugar ideal para comer nada menos que, tal como dijo el camarero, un cochinillo mejor que el de Segovia. De dimos una tarjeta con nuestras direcciones en internet, así que posiblemente también lea estas líneas... "otro saludo".
Comiendo cochinillo al estilo segoviano, según el camarero.
Kiqu y Pilar se adelantaron por la tarde para buscar uno de los camping que teníamos señalados en las proximidades de Santarem, habiendo descartado pasar por Lisboa, de manera que antes del añochecer tener llegar con las motos e instalarnos tranquilamente.

Agua Lusa, como en una foto de anuncio.

Aina, siempre optimista y sonriente aguantó todos los tramos, que no era fácil, como una campeona.
Pero los viajes aventura siempre te reservan eso, aventuras, de modo que Kiqu y Pilar se encontraron con la sorpresa de que los camping, uno tras otro, o bien no tenían lo que buscaban o sencillamente ya no existían. De ese modo llegamos anocheciendo hasta Alpiarça, localidad melonera por excelencia en la fertil orilla del margen izquierdo del Tajo. Decidimos aguardar allí hasta recibir noticias del coche de apoyo, que a esas alturas ya no sólo buscaría camping sinó que también intentaría encontrar un hotel que nos acomidase. Por suerte la solución estaba a escasos metros donde nos detuvimos los de las motos: frente a nosotros había un hotel restaurante que al final resultó ideal para pasar la noche. Incluso la duda de dejar las motos a buen recaudo nos lo proporcionaron ellos mismos permitiendo meter las tres Vespino en la misma cocina del restaurante. Restaba únicamente que Kiqu y Pilar se reunieran con nosotros puesto que en su búsqueda se habían alejado nada menos que 50 kilómetros. Como digo: esto es aventura.
Imrpovisado garaje en la cocina del hotel en Alpiarça.

Pasamos la noche estupendamente, descansando mejor que en el carísimo camping de la noche anterior y que en la mañana, aunque no entraba en el precio, el dueño del hotel nos invitó a los cafés. Otra cosa fueron los personajes que pasaron y se detuvieron a charlar con nosotros mientras esperábamos a la furgoneta... "no coment...".

La segunda jornada en Portugal nos alejaba del Tajo hacia el norte con la intención de llevarnos hasta Oporto que, ésta ciudad sí, decimos visitar a pesar de que ello nos impediría cruzar la frontera ese mismo día; sin duda fue una decisión acertada.
Parada para desayunar en Santarem, la mañana del tercer día y segunda etapa en Portugal.

Pequeño despiste en Santarém

Llegar a Oporto no fue sencillo. Atravesar la Sierra de la Estrella por rutas en bicicleta no fue para nada lo mejor que hicimos. La grandeza de los paisajes quedaron desdibujados por una carreteras que sin vacilar podemos catalogar de "infames".

El concello de Batalha con bonitos paisajes pero carreteras en mal estado.

Bonita imagen de la marcha.

En esta carretera revirada nos permitimos adelantar al camión.
Al final tuvimos que pedir al navegador que sencillamente nos llevase por carreteras evitando autopistas de peaje, porque de seguir de aquella manera nunca llegaríamos a nuestro destino, así que en cuanto pudimos tomamos la IC1 que nos llevaría en volandas hasta la capital, en algunas ocasiones con buen asfalto y mucho tráfico, en otras con buen asfalto y muchísimo tráfico, pero en cualquier caso una carretera con límites de velocidad estrictos que permitía a la furgoneta seguirnos bien de cerca sin causar grandes tapones al resto de los vehículos.

Pasado Coimbra con mucho calor y tráfico, nos detuvimos a comer.
Salir de Portugal sin probar el bacalao podría constituir un delito.
Después de una vista rápida en la ciudad de Oporto con alguna compra, decidimos hacernos una fotografía con el sol de poniente escondiéndose en el Atlántico y luego, ya oscuro, seguir unos kilómetros hacia el norte para ir a dormir a Braga, a 56 kms. Aquí se adelantaron Kiqu y Pilar y nosotros les seguimos en la distancia por unas carreteras con mucho tráfico y ambiente de fiesta para llegar a un hotel de la franquicia Choice, que sin duda fue el mejor alojamiento de todo el viaje.
Está prohibido estresarse. Este simpático gasolinero nos dijo que para llegar a Oporto no dejásemos el camino que llevábamos.
Muchos peregrinos en los arcenes de las proximidades de Fátima.
Callejeando por Oporto.
Aina y Tachu sobre un viaducto en Oporto.

Extraño ocaso en Oporto para los mediterráneos como nosotros.

 

La tercera etapa sólo nos restaba unos 70 kilómetros para llegar a la frontera de Tui, así que nos pusimos en marcha en cuanto hicimos algunas compras en la ciudad.

Aina animada frente al hotel de Braga. España estaba cerca.

Salimos hacia el norte y cruzamos Tui sin dificultad. Pretendíamos comprar algo allí mismo, pero había tal aglomeración de gente y tráfico que desistimos y cruzamos el paso fronterizo más antiguo de Europa para entrar en Galicia.

Paso fronterizo de Tui, el más antiguo de Europa.
Estamos otra vez en casa, aunque falten 1.000 kms. para llegar.

 

La sorpresa del día la tenía guardada, una vez más, la fidelidad al navegador: sin titubéos nos metió en una autovía y al intentar salir de ella, sin remisión, nos metió en una autopista de peaje. SI, DE PEAJE. Fueron cerca de 15 kilómetros con el culo prieto y con maldiciones, seguro, que de mis cuatro compañeros de viaje...¡¡¡ pero dónde nos has metido, insensato... que nos van a meter en la cárcel!!! Por suerte llegamos al punto de peaje en la primera salida posible y después de pagar los 1,40 €. por moto, salimos de inmediato de aquel inmundo lugar de vehículos grandes. ¡¡NUNCA MAIS!!
Después del mal trago, pasamos el peaje.

Lo siguiente fueron las despedidas: ayudamos a Kiqu a subir la moto de Aina a la furgoneta, que no olvidemos, es la primera chica que atraviesa Portugal en una Vespino, y nos dijimos adios. La familia Garí tenía por delante llegar hasta Arenys de Mar y nosotros llegar a nuestras casas lo antes posible. Kiqu tenía que acabar de preparar a La Bestia para la carreta de Guardiola y Tachu quería intentar llegar el viernes a casa para poder trabajar esa misma noche.

Lugar en el que dividimos nuestros caminos.
El resultado para nosotros fue una etapa de 416 kms. con mucho calor, en la que ni siquiera nos detuvimos para comer. Esa misma noche la pasaríamos en Pumarejo de Tera visitando a la familia Navarro Lanseros, y cena y velada hasta las 2 de la madrugada en casa de nuestro amigo Baltasar Andrés "el Hermoso" y su familia. Luego nos marchamos hasta las orillas de Tera y plantamos la tienda de campaña. El despertador nos pondría en marcha a las 6:30 para iniciar la asfixiante última etapa.

jueves, 16 de agosto de 2012

Aventura superada

Aventura superada y con dos días de adelanto...

 La noticia previa en diario Levante de Castellón en su edición 7 de agosto de 2012:
    
Agradecer a Kiqu y familia por haber participado y ayudado de manera incondicional a nuestra aventura: Kiqu y Pilar desde la furgoneta de apoyo y Aina como un aventurero más.
Agradecer a Sprint en Segorbe porque un año más nos ha proporcionado la posibilidad de ser vistos con sus chalecos reflectantes.
Naturalmente a Juan Bicisport por velar por nuestras máquinas de manera directa, aunque un año más se haya quedado con las ganas de ser elemento aventurero.
Y no nos olvidemos de todos los amigos cercanos y lejanos que nos han alentado y también nos han soplado en el cogote para que no desfalleciésemos en nuestro empeño.

Mañana hará una semana que regresamos a casa con dos días de adelanto sobre unas previsiones, a priori, bastante exigentes en su concepción original de siete días. No es que hayamos acortado el itinerario y las rutas, sencillamente se trata de que hemos volado sobre las carreteras y hemos ganado dos días a las previsiones que al final han sido de cinco días en total. Eso si, que nadie se lleve a engaño, siempre a modestas velocidades soportables para nuestras monturas en una carrera (si se puede llamar así) con nosotros mismos y nuestros límites físicos, puesto que las máquinas eran el instrumento fundamental "insensible e incansable", por lo tanto, una vez más y ya he perdido la cuenta: "BRAVO POR LAS VESPINO".

Recuerdo que en mi primer viaje con mi Vespino a Riudellots de la Selva, allá por 1982,  me quedé maravillado de lo bien que funcionaba aquel motorcito de sistema rotativo al que no le había cambiado absolutamente nada de su estado original. Me llamaba la atención que después de rodar tramos de una o varias horas el sonido de aquel motor al parar en los semáforos era exáctamente el mismo que cuando lo acababa de poner en marcha; ningún aspaviento, ningún ruido extraño, ninguna amenaza de pretender pararse, nada que diese a entender que tantos kilómetros pudieran fatigar su mecánica. Cuando el semáforo se ponía nuevamente en verde, enroscaba levemente el puño del acelerador y sentía como todo el sistema volvía a su trabajo con decisión y suavidad al mismo tiempo, sin estridencias, para en pocos instantes llevarme a su modesta velocidad de crucero, sus 40 kms. a la hora.

Años después, nada menos que 25, después de usarla para todo, haber servido también para "romper la mano" de los jóvenes de la familia y haber sufrido varias capas de tuneado, finalmente quedó aletargada y llenándose de polvo en un ricón oscuro del garaje. Por mi parte no olvidé nunca aquel primer viaje a Riudellots, por eso se me ocurrió la posibilidad de sacarla nuevamente a la luz, desempolvarla, revisarla y acicalarla para ver si era capaz de llevarme mucho más lejos y continuar con aquel agradable sueño de 1982. Era una idea que me rondaba por la cabeza mucho tiempo y que sólo fue necesario el espoléo de la frase de alguno de mis amigos en una cena subida de decibelios: "no tienes huevos..."

Para eso claro que los tenía, y para mucho más; sólo fue necesario abrir el tarro de esencias y disfrutar de lo que un/una Vespino es capaz de ofrecer. De no dejar de sorprenderte de lo que se puede conseguir con algo tan pequeño y tan insignificante, al tiempo que robusto e incansable.

Portugal, después de haber llegado tan lejos en viajes precedentes, parecía algo fácil, había por tanto que añadir una "guinda" que pusiera un poco de dificultad a lo que parecía sencillo y al final subimos el listón a límites de record, a una etapa de más de 1.000 kilómetros de tirón.

No tenemos noticia de que alguien lo hiciera con anterioridad en una Vespino. Lo más próximo y meritorio fue la travesía norte-sur por partida doble de 800 kilómetros en 24 horas de nuestro compañero Gonzalo Fernández Avezuela. Así que íbamos a intentar algo por primera vez y eso nos ilusionaba. Es cierto que teníamos muchas dudas y que eran también muchas las voces que nos recordaban lo difícil que podía llegar a resultar, aunque también es cierto que no teníamos ninguna obligación y que si las cosas se ponía feas podíamos poner pie en tierra y continuar al día siguiente, aunque al final no fue necesario.

Ni Tachu ni yo mismo (Valentín) habíamos llevado a cabo ninguna preparación física pensando en el viaje. Las motos eran las mismas que el viaje a París del año anterior; es más, la Bella Durmienten (mi GL) estaba tal y como la había dejado el verano pasado, así que únicamente le puse una correa nueva y reemplacé los casquillos de los rodillos del Varioplús. Ah, y la sustitución del piñón de bicicleta que se me rompió cuando volvíamos de París. La moto de Tachu por su parte conservaba el mismo motor, con la sustitución del cigüeñal por uno preparado por Kiqu y montado con Juan Escrig (Bicisport) para eliminar las molestas vibraciones.

La víspera de la partida recibimos la mala noticia de la no participación de nuestro amigo y compañero de viaje Chimo, que por motivos familiares tuvo que desistir a última hora de incorporarse a la aventura desde tierras cordobesas. Por otra parte, la confirmación de la participación de Aina Garí acompañada por sus padres Kiqu y Pilar desde el sur de Portugal, no sólo inyectaban el aire fresco de una aventura joven y decidida, sino que también nos proporcionaba la cobertura de un coche de apoyo y la inestimable ayuda técnica directa del mismo director técnico de todos nuestros proyectos vespineros. Así que la dificultad únicamente se reducía, que no era poco, a llegar a Sagres en Portugal.

Sobre las 17:30 del domingo 5 de agosto de 2012 llegaba a mi casa de Vall de Almonacid sobre su GL un sonriente e ilusionado Tachu con cara de comerse a bocado redondo el reto que íbamos a intentar. Así que con los 37 kilómetros que hay desde su casa a la mía, él ya había comenzado a restar la distancia hasta el Cabo de San Vicente de su aventura particular, la mía lo haría en pocos minutos.

Fue un retraso de apenas media hora lo que acumulamos en el mismo punto de partida respecto a lo previsto inicialmente, aunque confiábamos en ir ganando tiempo al rutómetro poco a poco una vez puestos en marcha. Los 40 km/h. previstos de media no parecían difíciles de conseguir, aunque en ellos no estaban contempladas las paradas obligadas.

Por fin se puso en marcha la comitiva: yo en cabeza seguido de Tachu y tras nosotros Quemadillo en su BMW R-75, Toni Bicis en su Vespino y Juan y Rebeca Escrig en la Vespa Old-Time.

Atravesar Segorbe, subir el puerto de la Cueva Santa y llegar a Alcublas no parecía el terreno apropiado para ganar tiempo al rutómetro. Tampoco la pista hiperbacheada que nos llevaría a las mil curvas que necesariamente había que salvar para llegar a Utiel. Ni siquiera el primer incidente de la bombilla de la moto de Tachu que Juan sustituyó rápidamente en el sitio que nos despedimos para ya "volar" solos. Tampoco la luz que proporcionan los faros de las GL supondrían una ayuda; así que sólo la paciencia, la fiable mecánica y también la suerte, contribuyeron a que poco a poco el tiempo previsto de paso por un punto determinado y el paso real se fueran acercando e incluso se viese superando por el segundo hasta obtener una ventaja de casi una hora cuando todavía quedaba lejos el amanecer.

Parada para cenar, parada para repostar, parada para colocarnos la ropa de abrigo, el cansancio de toda la noche en la que los sensores de alerta se alimentaban de unas reservas que cada vez se diluían más deprisa, contribuyeron a que al amanecer con unas temperaturas que rondaban los 11ºc. nos diéramos verdadera cuenta de dónde nos habíamos metido. Tanto Tachu como yo deseábamos que el sol se elevara en el horizonte y calentase un poco nuestros maltrechos cuerpos. ¿Cómo era posible que en pleno mes de agosto, con la que estaba cayendo de calor en toda la Península Ibérica, en las proximidades de la llamada Sartén de Andalucía y sobre unas sencillas Vespino, anduviésemos helados como pollos? Ni que decir tiene que esas provincias están tomadas por las alambradas de los cortijos y que es materialmente imposible encontrar un lugar donde parar a la sombra de un árbol. Ni eso ni un simple rincón de descanso donde estirar las piernas. Me duele decirlo, pero en eso los franceses están a años luz de nosotros porque aquí la propiedad privada está alambrada. 

No recuerdo exáctamente el pueblecito blanco donde paramos a la sombra de su cementerio, precisamente porque allí no había alambradas; lo que sí recuerdo es que llevábamos más de 500 kilómetros y según el rutómetro en aquel punto nuestra ventaja era exactamente de dos minutos. Había que parar porque era peligroso seguir si no descansábamos un poco. De manera que paramos las motos junto a la tranquila tapia del cementerio, en un sembrado ya cosechado, comimos unos bocatas y nos tumbamos al sol para recuperar la temperatura perdida durante el frío amanecer. Programamos los teléfonos para que nos despertasen en una hora, aunque eso no fue necesario porque el sol achicharrador nos advirtió de que ya era hora de seguir. A pesar del breve sueño, nos habíamos recuperado física y anímicamente, fue entonces cuando a pesar de que todavía estábamos a 600 kilómetros del final de etapa, veíamos factible salir airosos de nuestra osadía, así que guardamos la ropa de abrigo, nos pusimos los cascos y salimos a la carretera en dirección suroeste.

Castellón, Valencia, Cuenca, Albacete, Ciudad Real, Córdoba, Badajoz, Huelva y finalmente la frontera lusa: cuando cruzamos la frontera y pasamos junto a Barranco, que es la primera población de Portugal por aquel paso, la carretera empeoró notablemente.

    Entrada en Portugal junto a la ciudad de Barranco

Faltaban todavía 300 kilómetros para llegar a Sagres y el sol calentaba sin contemplaciones. Era hora de detenernos a comer otro bocata a la sombra de cualquier árbol, porque otra cosa nos podía haber derretido a nosotros y a nuestras monturas. Algo diferente era la marcha, que se veía aliviada por la brisa que generaba nuestro propio movimiento, a pesar de que en algunos momentos parecía que nos soplaban dragones en los mismos cogotes. El rabioso sonido de las chicharras no era alentador, como tampoco lo era la visión de algún que otro grupo de buitres que sobre nuestras cabezas se dejaban llevar por las corrientes térmicas en sus incesantes vuelos circulares a la espera de su turno para el banquete con alguna res muerta en las cercanías. Únicamente el pacer de los belloteros "patanegra" a la sombra de enormes encinas o de su insistente hozar en la orilla o dentro de alguna de las pocas charcas de las dehesas extremeñas e incluso lusas, introducían el alimento necesario para nuestro propio optimismo.

De vez en cuando había que detenerse a manipular al enloquecido navegador, unas veces para pedirle que nos llevara por carreteras para bicicletas y otras, hartos de visitas turísticas por el centro de todas las localidades que nos salían al paso, para que no lo hicieran. Y por fin llegamos a la barbilla de la Península Ibérica, otra vez llegamos a unas costas desde las que se vislumbra el perfil de las montañas marroquíes a otro lado del mar, que en esta ocasión es el océano Atlántico.

Kiqu nos había pasado las coordenadas del camping en el que habían contratado un bungalow para los cinco, cosa grata porque suponía que en pocas horas nos dejaríamos caer en unas camas reponedoras de aventureros esfuerzos.

No fue sencillo porque al contrario de lo que pudimos ver en los kilómetros portugueses que habíamos pisado en las últimas horas, en aquella zona el tráfico era frenético y las obras de algunos tramos provocaban largas colas, sin olvidar el peligro de compartir vía con vehículos mucho más rápidos que nuestras Vespino. De manera que entre unas cosas y otras llegamos anochecido al camping lugar de encuentro, no sin antes haber pateado por confusión un camping próximo (cosa de coordenadas). El caso es que nos encontramos con los Garí que ya nos esperaban en la misma entrada. Y no sólo eso, además nos habían preparado una cena calentita que nos vino como agua en Mayo. Disfrutamos de un poco de conversación durante la cena y, una vez concluida ésta, lo que primaba era una ducha y el encuentro con nuestros camastros.
                                       1082 kms. en el cuenta Kms. de la moto de Tachu
Habíamos conseguido la parte más difícil del viaje: unir Vall de Almonacid con Sagres de un tirón. Los kilómetros finalmente fueron 1.082 para Tachu y su Vespino y 37 menos para mí y la Bella Durmiente en un total de 28 horas.

Quedaba atravesar Portugal para llegar a Galicia y luego regresar a casa.
 
     Faro de la fortaleza del Cabo de San Vicente

     Aina, Tachu y yo con Sagres al fondo

    En carretera escoltados por Pilar y Kiqu en la furgoneta

     Tachu junto a las motos en el centro de Oporto
   

    Refrescándonos junto al Miño

    Sabrosos platos para un menú

jueves, 5 de julio de 2012

Del Cabo de San Vicente hasta el río Miño.

Si la Isla de las Palomas junto a Tarifa supuso un enclave espectacular para iniciar un viaje, el Cabo de San Vicente en Sagres, al sur de Portugal, no tiene nada que envidiar a la primera. Como siempre, una imagen vale más que mil palabras, así que mejor será ver el siguiente enlace: http://www.sagres.net/sites/espanol/historia-sagres-algarve-portugal.htm

y la fotografía extraída del mismo enlace en la que se aprecia la grandeza del lugar:

Ese punto debe ser el final de la primera etapa maratoniana que habrá dado inicio en Vall de Almonacid a 1111 kms. de distancia. También será el inicio de la travesía al país luso en tres jornadas que nos llevarán sobre nuestros Vespino hasta el otro lado del Miño, en las puertas mismas de Galicia cerca de Baiona, en cuya fortificación, con el regreso de una de las naves, se tuvieron noticias por primera vez sobre el descubrimiento de un nuevo continente.
Enlace de Baiona (Pontevedra): http://www.ygalicia.com/baiona-vigo/

Y la foto de la fortaleza con Baiona al fondo.
Entre una y otra fotografía, las tres Vespino tendrán que recorrer cerca de 900 kilómetros.
Una vez allí, el regreso a casa.

lunes, 14 de mayo de 2012

Un reto dentro del reto...

Si cualquier viaje en Vespino supone un reto, intentar hacer algo que por sí solo puede suponer otro reto e incluirlo en el primero, supongo, se le puede llamar: "un reto dentro de un reto". Eso es precisamente lo que nos proponemos para el próximo viaje a Portugal, que además de la dificultad de recorrer los 3.000 kilómetros totales, nos proponemos hacer una primera etapa maratoniana de 1.111 kilómetros, ojo, de un tirón.
La idea es salir como siempre de Vall de Almonacid y no detenernos hasta llegar a Sagres al sur de Portugal. Si calculamos una media horaria de marcha de 40 km/h. y las matemáticas no engañan son 28 horas sentado sobre la moto.
De momento esa es la idea. Incluso ya tenemos listo un rutómetro detallado en el que aparecen los kilómetros recorridos y pendientes, y la hora de paso aproximada por cada población.
A ver si en esta ocasión nos salen al encuentro algunos amigos que siguen el blog y el foro de Vespino (http://foro.vespinos.com/) o que simplemente quieren vernos o acompañarnos algún tramo del recorrido.
También sería interesante conocer algún error en el trazado o incluso alguna alternativa mejor que la que hemos elegido.
Cualquier comentario podéis enviarlo a este blog, o mejor directamente al foro de Vespinos. Si además queréis contactar con nosotros por teléfono, enviarnos un mensaje a: vespinos@yahoo.es

jueves, 29 de marzo de 2012

En Vespino a Portugal 2012

¿Por qué no?
Ya hemos recorrido media Europa, ¿por qué no nos damos una vuelta por el país de nuestros primos hermanos? Están aquí junto a nosotros y parecen lejanos.
Después del último viaje a París del pasado verano hemos estado inactivos, pero no por el cansancio de la aventura, más bien por circunstancias personales de cada uno de nosotros (refiriéndome a los tres componentes del del viaje a París). A ésto hay que sumarle la convalecencia de Juan Bicisport y la lejanía de Kiqu, pero tampoco son excusas, así que no hay más remedio que echar las culpas a lo que ha generado todos los problemas del mundo mundial en los últimos tiempos, a la p*** crisis.
Kiqu sigue estando donde siempre y dispuesto a arrimar el hombro. Juan está mejorando notablemente y no descarta hacerse unos "largos" con nosotros próximamente; al tiempo.
Así que sin más preámbulos vamos a exponer nuestro nuevo proyecto:
La idea es recorrer Portugal de sur a norte en tres o cuatro etapas... ya veremos, eso no es problema. Lo verdaderamente difícil es poder coincidir en las fechas, aunque todo parece indicar que días arriba o abajo, el viaje se llevará a cabo durante los primeros días de agosto.
En esta ocasión no va a ser posible disponer de 12 días como en el viaje a París; al menos yo sólo podré disponer de una semana para completar el recorrido, así que nuevamente hay que ajustarse el cinturón.
No importa como lleguemos hasta el punto de partida, lo que inicialmente se pretende es salir de Sagres, que está muy próximo al cabo de San Vicente, en la barbilla del Portugal, y luego, 800 kms. al norte, alcanzar Vigo.
Existe la posibilidad de llegar de un tirón desde Vall de Almonacid a Sagres, teniendo en cuenta que harían falta más de 24 horas y ningún problema para recorrer los 1.110 kms. de distancia; eso supondría una dificultad añadida al viaje, digamos... "un nuevo reto". Aunque lo aconsejable sería hacer dos cómodas etapas de 550 kms. cada una. Lo pensaremos.
También hay que pensar en el recorrido dentro del país vecino y el regreso a casa desde Vigo. Dentro de Portugal, según mis noticias, los campings son relativamente baratos siempre que no te acerques a la zona costera... vamos, como en España. Lo mismo para las comidas. Así que habrá que ir buscando rutas que tengan de todo, procurando alejarse del Atlántico por aquello de rodar por carreteras con poco tráfico.
Tampoco habrá mucho tiempo para el turismo en esta ocasión, aunque ya es hora de comenzar a plantearse viajes relajados para ver cosillas por el camino y no pasar de largo por todas partes; aunque por este año seguiremos a lo nuestro: hacer kilómetros a "punta pala".
La última parte del viaje será el regreso desde Vigo pasando por las portillas del Padornelo y la Canda, La Puebla de Sanabria y la vega del Tera hasta Benavente; allí bajar hacia Tordesillas y torcer a la izquierda a buscar Almazán y las provincias de Guadalajara y Teruel. Luego bajar hasta el Levante y llegar a casa de nuevo.
Abriremos un hilo en el foro, dentro de "eventos", para intercambiar ideas e información detallada, por si alguien nos quiere acompañar algunos kilómetros del camino, o nos puede dar información de interés o compartir experiencias: (http://foro.vespinos.com/)

domingo, 16 de octubre de 2011

Mas fotos del viaje a París de 2011

Esta imagen está tomada durante la primera parada del viaje pasado Sant Mateu, en Castellón, después de unas tres horas de marcha sin poner pie en tierra. Vespinaire nos había alcanzado y compartió con nosotros un pequeño refrigerio. El almuerzo llegó algo después en Tortosa, ya en provincia de Tarragona.
Tachu y Chimo en primer plano, dando cuenta del almuerzo. Al fondo Vespinaire con su Vespa. A estas horas ya apetecía quitarse aldo de ropa de abrigo.
Chimo con su AL disfrutando de la ruta y el buen tiempo.
Aquí es Tachu el que aparece en primer plano seguido de Chimo. Aunque las posiciones se iban cambiando en alguna ocasión, casi siempre era yo el que iba delante por llevar el navegador.
Cuando no había dudas en los próximos kilómetros, tanto Tachu como Chimo estiraban las piernas y me adelantaban para esperarme más adelante. La diferencia de velocidad entre sus motos y la mía era considerable.
Las tres horas que arañamos a las previsiones en esta primera etapa nos permitieron disponer de mucho tiempo para comer al abrigo del sol en los aledaños del Museo de la moto en La Bassella. En esta foto, ante el museo, disfrutamos de ver juntas por primera vez las tres motos que hasta ahora han conseguido llegar y volver a Cabo Norte. Sin duda un momento emocionante para los que estábamos allí.
En primer lugar aparece la Vale con la que Palmieri realizó el viaje en 1981. A su lado la ALX de Miquel Àngel Sánchez en 1988, y por último la Bella durmiente que lo consiguió en 2009... ojalá no sea la última.Aquí aparece Estanis Soler junto a la Bella Durmiente, que momentos después nos invitó a visitar las instalaciones del museo. Hay que recordar que en Barcelona ya existe un segundo museo montado y gestionado por él y su familia principalmente.
En la segunda etapa Andorra-Limoges nos encontramos pronto por la que debería ser la primera y más importante dificultad. Cuando el sol comenzaba a elevarse ya nos encontrábamos en lo alto del puerto D'Envalira de 2408 metros. El día era radiante y nada podía hacernos imaginar el agua que íbamos a soportar al final de la etapa.
En el mismo puerto repostamos hasta arriba los depósitos de las motos, de esa manera ahorramos algunos centimos por litro, que no fueron tantos como lo hubieran sido en otro tiempo, pero bueno... a partir de aquí 40 kms. de bajada... ¡¡¡ todo un placer para nuestas modestas monturas!!!
La desagradable travesía de la ciudad de Toulouse, que una y otra vez nos hacía desviarnos del camino que el navegador nos trazaba debido a la existencia de la nueva línea de tranvía. Nos entretuvo más de lo previsto y nos cansó bastante.

Con monsieur Gilbert en la puerta de su fábrica. Sin que él lo supiese, y así se lo hicimos saber en aquel momento, dos años atrás fue una persona definitiva para conseguir el éxito del primer viaje a París en Vespino, cuando gracias a uno de sus empleados, un tornero, pudo modificar el eje de la rueda trasera de la moto para que encajase en el motor de la GL, puesto que el que llevaba era de un modelo posterior mucho más grando.
Posiblemente si no hubiera sido por él es probable que las aventuras en Vespino para la Bella Durmiente hubiesen terminado con un fracaso y nunca hubiera habido ni vuelta a España ni viaje a Cabo Norte ni nada de nada...¡¡¡ Merçi Mr. Gilbert, fuiste importante para nosotros...!!!
El día de la foto estaba la empresa cerrada por vacaciones y, a pesar de ello, nos invitó a pasar y compartimos con él un café y una breve charla.
Lo peor... que mi inseparable Sony dejó de funcionar esa misma noche y esta foto fué la última que pude tomar con ella.

martes, 6 de septiembre de 2011

El regreso a casa en tres etapas más (10 de agosto)

Esta foto es para Juan Bicisport... para que vaya tomando nota...


Esta foto es una de las más vistas en el mundo, pero ésta precisamente la hemos hecho nosotros. Sin duda estar a los pies de este ingenio es sencillamente para alucinar... a veces los hombres, y las mujeres, claro, imaginamos cosas interesantes




Lo grandes que somos nosotros con nuestras motos y si no fuera por las banderitas pasaríamos desapercibidos... qué cosas...


A lo que vamos:





En primer lugar agradecer a nuestros amigos Les Tontons Scooteurs por el detalle de hacerse eco de nuestra llegada a París en su blog http://www.les-tontons-scooteurs.com/forum1/viewtopic.php?f=5&t=5615 seguro que no os lo vais a creer, pero allí se reunen cada miércoles primero de mes por la tarde, junto a la fuente que hay a los pies de trocadero y a escasos metros del carrusel que siempre está girando, el caso es que llegó Sting en su moto de Quadrophenia... como os lo digo...





estuvimos de charla con algunos de los representantes del motoclub que nos pusieron al día de sus citas mensuales y nos prometieron entrar en nuestro blog. Así lo hicieron: --Merçi beaucoup mes amis... --



Después de las charlas con los "Tontons" cruzamo el Sena y nos metimos en la rotonda del Campo de Marte al otro lado de la Torre. Allí llegaron algunos españoles que vieron desde lejos las banderitas de nuestras motos... siempre hacen amigos esos trozos de trapo, allá donde vamos la gente se acerca a preguntar. El caso es que una familia de Bilbao que buscaba un camping para pasar la noche con autocaravana vinieron a vernos y de paso nos hicieron algunas fotos.




Comenzaba a oscurecer y todavía nos quedaban más de 60 kms. para llegar a casa de Sarah, así que no era posible alargar las conversaciones.


Ese tramo fue bastante duro porque había muchas poblaciones que atravesar, muchos semáforos, muchos adoquines y sobre todo la oscuridad, que se hacía más patente por la poca chicha de nuestros faros, que sólo obtenía un aprobado justo la AL de Chimo. Si todo eso no era suficiente, en ese tramo se rompió el soporte del escape de la AL y hubo que ralentizar la marcha. También tuvimos que parar a repostar, donde conocimos a dos chicos franceses que curiosamente eran sordomudos... bueno, pudimos comprobar que la comunicación con ellos resultaba tan sencilla como con chicos españoles con la misma difucultad, sencillísimo gracias a ellos, claro.


Las motos estuvieron el resto de los días en el jardín de la casa de Sarah, bajo el enorme cerezo y protegidas con un plástico, descansando.










Los seis días restantes hasta la cuarta etapa y primero de regreso estuvimos haciendo turismo por los sitios más típicos de París. Como siempre, pasar el tiempo de un lugar para otro sin parar de ver cosas y al final sólo has visto una pequeña parte de la ciudad y sus lugares interesantes, pero por lo menos creo que cumplimos. Incluso nos permitimos el lujo de acercarnos a Brujas a pasar unas horas bajo el agua y sobre sus canales. Otra ciudad encantadora que el agua y el frío desdibujó nuestras esperanzas. A pesar de ello pienso que también mereció la pena. A las motos, savo la soldadura del escape de Chimo, apenas las atendimos hasta el día 9, víspera del regreso. Ese día las mimamos un poco y les revisamos todo lo posible, que tampoco era mucho y sobre todo no era necesario. También es cierto que en el jardín no apetecía manipularlas bajo la lluvia, por eso la tregua del tiempo nos animó al mantenimiento de las máquinas aquel día.



Mi inseparable Sony se ahogó la noche de la segunda etapa cuando se detuvo Moisés. Entre la oscuridad y la lluvia no me di cuenta que había dejado abierta una de las cremalleras de las alforjas que llevaba sobre el depósito adicional y el agua se fue metiendo hasta anegar su interior. La máquina de fotografiar y algunas cosas más estuvieron sumergidas en parte hasta que me di cuenta, pero para la Sony ya era tarde. Ahora se pone en marcha pero no funciona... me da mucha pena porque nunca me había fallado... smmifffff, --mea culpa -- a partir de entonces casi todas las fotos se hicieron con los teléfono móviles.



La mañana del miércoles 10 de agosto de 2011, todo hay que señalarlo, nos puso en marcha a las 5:00, pero en marcha de verdad sería un poco más tarde. El cielo estaba despejado pero hacía frío, bastante frío (7ºc.). Por suerte llevábamos la ropa de invierno con lo barbour y los pantalones a juego, las botas y los guantes impermeables. Todos excepto Tachu que llevaba zapatillas de deporte y guantes de ciclista acolchaditos. Emprendimos la marcha tranquilamente hacia el sur con dirección a Rambouillet para salvar los alrededores de París. En Rosny-sur-Seine nos encontrábamos al noroeste de la capital. La pobre luz de nuestros Vespino apenas daba para alumbras las profundidades de los bosques próximos, pero poco a poco el cielo iba haciédose cada vez más claro hasta hacerse innecesaria la iluminacón artificial.



En las proximidades de Rambouillet me detuve para cambiar el destino en el navegador. Mi costumbre es no poner distancias demasiado largas para luego no tener problemas. Por lo menos a mí me funciona. Además siempre pido rutas en bicicleta que, si bien te hace dar rodeos por carreteras perdidas por los campos, también te permite ver pueblos y rincones que de otro modo no sabrías ni que existen. El caso es que me detuve a la entrada de la ciudad, en un sitio tranquilo. Cuando bajamos de las motos le comenté a Chimo que el termómetro me había marcado una temperatura muy baja y él de dijo que el suyo había bajado hasta los 3,8ºC. Mientras comentábamos el caso no nos dimos cuenta de las dificultades que tenía Tachu para bajar de la moto... estaba helado. Los más de 60 kilómetros que llevábamos recorridos habían ido calando en sus manos y en sus pies hasta dejarlo casi rígido. Seguro que si no paramos en la siguiente curva sale recto. --tíos, así no es posible seguir...-- dijo. El caso es que no dijo nada y yo no hubiera parado. Chimo sacó de su maleta unas manoplas de las que se acoplan en el manillar en invierno, unos calcetines largos y unos cubrebotas. Eso y una caminata alrededor de las motos permitió a Tachu recobrar el color que había dejado sobre el asfalto en el último tramo. ¿Por qué no dijo nada? Seguro que la próxima vez no le ocurrirá.



Seguimos sin parar hasta más allá de Orleans. El sol brillaba en lo alto y la lluvia no parecía tener cita para ese día. Los bosques sucedían a los prados y las montañas a todos los demás. Los kilómetros pasaban rápido y las medias horarias eran realmente buenas. La familia-asistance estaría ya en la carretera y seguro que nos estaría comiendo el terreno por la autopista a marchas forzadas. Habíamos quedado en el camping de de Bonnac la Cote, que parece que era un lugar maldito para nuestros viajes, puesto que en 2007 no pudimos acampar allí porque tuve la avería mecánica que me obligó a tragarme los 750 kms. de la etapa de un tirón. A la ida de la segunda etapa por el agua y en esta cuarta etapa seguramente tampoco sería el destino final porque queríamos hacer algún kilómetro más hacia el sur y al día siguiente llegar temprano a Andorra en la quinta etapa.



La moto de Tachu sufrió un pinchazo en su rueda trasera que pudimos solventar en menos de media hora sobre la hierba de la cuneta. Un motero de parches múltiples en su cazadora se detuvo con su coche por si necesitábamos ayuda. Se lo agradecimos pero ya estaba el asunto resuelto... Merçi



Un poco más adelante paramos en un lugar muy agradable a hincar el diente al bocata de jamón de Garcerán que todavía sobrevivía. Menos mal que compramos mucho jamón, de lo contrario no se que hubiéramos hecho... ¡¡bendito jamón que nos acompañas en todos nuestros viajes!! y no es coña.



Tuvimo que detenernos un instante para amarrar el escape de la moto de Chimo que nuevamente había partido la pletina de sujeción.



Seguimos y seguimos entre bosques, llanos y montañas de tierras galas hasta que la hora aconsejó ponernos en contacto nuevamente con la familia-asistance con la que horas antes habíamos acordado bajar 40 ó 50 kms. más al sur de Limoges. En los últimos kilómetros nos habíamos metido en una zona montañosa en la que íbamos zigzagueando entre valles, ríos y bosques por carreteras muy estrechas y pueblos pequeños. --hello...¿habéis llegado al camping?-- efectivamente, ya estaban en el camping y nos pasaron las coordenadas. Mientras mantenía la llamada introduje lo datos en mi navegador: Les Hameaux du Perrier, camping La Prairie 45º5'52,43'' latitud Norte y 1º27'1,771'' longitud Este. Recalculando y "voîla..." el destino a 5 kilómetros... ¿era realmente posible que después de casi 450 kms. estuviéramos a sólo 5 de nuestras familias en un mar de montañas? Sí, era cierto.



Quince minutos después entrábamos en el magnífico camping La Prairie. Más por el lago y los prados verdes de toda la zona que por las instalaciones, que dicho se de paso eran suficientes. Todavía llegamos a tiempo de plantar las tiendas de campaña y ducharnos antes de que anocheciera.



LA QUINTA ETAPA no tuvo grandes dificultades. Seguían las carreteras llanas que de vez en cuando se veían interrumpidas por pequeñas serranías y por bosques. Llegamos nuevamente Reynies, el pueblo de mi amigo Gilbert al que en esta ocasión no fuimos a visitar. Allí mismo nos detuvimos para comprar bebida fresca y comer junto al río Garona y, ¡¡sorpresa!!... me di cuenta de que los pedales de mi moto giraban líbremente, tanto en modo bici como en moto. Al principio me preocupó, pero enseguida comprendí que se debía haber roto alguna de las orijillas del piñón de bici que en alguna ocasión conseguía engranar. No pasaba nada, tendría que arrancar de empujón a partir de ahora...



Después de comer tranquilamente tras habernos despojado de la ropa de invierno nos pusimos nuevamente en marcha entre campos de manzanos y girasoles. Decidimos dar un pequeño rodéo, que al final no fue tanto, para evitar los problemas de atravesar Toulouse, que tanto nos entretuvo en el viaje de ida. La jugada salió bien y nos llevó por carreteras ausentes de tráfico y buen asfalto hasta divisar a lo lejos la franja irregular de los Pirineos que a esa distancia se veía azulada. Unas horas más tarde comenzamos el ascenso hacia el Envalira otra vez. A falta de 16 kilómetros para llegar a lo alto del puerto me adelantaron Tachu y Chimo que ya estaban hartos de chupar rueda tantas horas, en ese tramo me sacaron 7 minutos de ventaja, prueba inequívoca de que sus motos andan mucho más que la tranquila Bella Durmiente que sigue en lo suyo de conservar el maiot de lunares rojos, dejando el premio de la montaña y de los sprints a sus compañeras.



Con el sol alumbrando con ganas nos hicimos unas fotos nuevamente en lo alto del puerto para bajar vertiginosamente hasta Andorra la Vella. En mi marcador vi los 78 kms/h que me permitieron adelantar a algún coche, pero la pendiente de aquel tramo aconsejaba no confiar demasiado en los frenos, de manera que todos aminoramos la marcha para llegar al camping poco después e ir a cenar de mesa y mantel a una pizzería de la ciudad.



LA SEXTA ETAPA es casi de transición, como la del Tour de los Campos Elíseos en la que todo el pescado está vendido. No por eso deja de tener importancia y no hay que currársela. Es posiblemente una de las etapas más duras y pesadas del viaje, tanto por todo lo que ya se lleva acumulado, por el calor y por las ganas de llegar. Por eso al detenernos pasada la población de Ascó y devorar unos buenos bocatas made in spain, nos repantigamos largamente en las sillas bajo la sombra de un emparrado y casi casi nos sentimos como en casa.



Tortosa, La Cenia, Sant Mateu, Cabanes, Vilafamés, Onda y la entrada en la Sierra Espadán con sus pedientes del 10% que serían los últimos esfuerzos que los pequeños motores tendrían que hacer para el final feliz de una fantástica aventura que como tantas otras, ahora, pasados unos días, nos ha parecido fácil y nos ha sabido a poco, posiblemente porque los recuerdos tamizan los pocos momentos malos que hay en todos los viajes.



Ahora a pensar en el siguiente...